dimecres, 29 de setembre de 2010

El cáncer en los países pobres demanda la misma estrategia que el sida

El cáncer amenaza con invadir los países pobres y presiona a los gobiernos en la tarea de organizar una respuesta global conjunta similar a la empleada para combatir la epidemia de VIH/sida.

Del mismo modo que sucede con el virus del sida, las naciones ricas se han valido de medicamentos efectivos, médicos altamente preparados, políticas de concienciación y prevención para hacer del cáncer una condición manejable.

Pero en los países pobres, donde los fármacos contra el cáncer y el conocimiento de los especialistas sobre la enfermedad son escasos, los carcinomas son casi siempre letales.


"Las personas creen que el cáncer es una enfermedad de los ancianos, los ricos, los del norte, los occidentales, pero en 2020 el 70% de los nuevos casos de cáncer se dará en el mundo en desarrollo", ha declarado David Kerr, especialista en oncología de la Oxford University, en el Reino Unido.

Sin embargo, sólo alrededor del 5% de los recursos globales para el cáncer se destina a estos países, donde es extremadamente bajo el conocimiento sobre la prevención de la enfermedad y sobre cómo administrar las medicinas para curarla o mantenerla controlada

"Ghana tiene 25 millones de habitantes y cuatro oncólogos [...] En Sierra Leona no hay ninguno", dijo Kerr.

A pesar de que la atención se centra en las enfermedades infecciosas, como el VIH y la malaria, en los países pobres el cáncer causa más muertes anuales que el sida, la tuberculosis y la malaria juntos, y se estima que se volverá cada vez más letal.

Gran asesino
Según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), la enfermedad puede provocar la muerte de más de 13,2 millones de personas por año para el 2030 -lo que equivale a casi el doble de los decesos que generó en el 2008- y la amplia mayoría sería en países de ingresos medios y bajos.

Los expertos estiman que el 75% de todas las personas que contraigan cáncer en las regiones pobres morirá como consecuencia de la dolencia, comparado con menos de la mitad de los pacientes oncológicos de las naciones ricas.

La semana pasada, en la revista médica 'The Lancet', varias entidades de lucha contra el cáncer señalaron que ahora es el momento de actuar.

Una actitud similar tomó en agosto un equipo de especialistas oncológicos que manifestaron que la disparidad en la atención del cáncer en los países pobres y ricos ya no es aceptable.

"Lo que tenemos ahora es una situación global [...] no como cuando apareció por primera vez el tratamiento para el VIH/sida", ha explicado en una conferencia telefónica Julio Frenk, de la Escuela de Salud Pública de Harvard (Reino Unido).

"El cáncer afecta a las personas de los países ricos y pobres. El problema es que el acceso a la prevención y al tratamiento está tan desigualmente distribuido que morir por una serie de cánceres es algo que sólo sucede a las personas pobres de los países pobres", añadió Frenk.

Enfoque holístico
Los expertos aseguran que la solución a la amenaza del cáncer en el mundo en desarrollo es un esfuerzo en varios frentes respaldado por donantes de recursos a nivel internacional. Exactamente igual que sucede con el VIH.

"Si se piensa en la lucha contra el sida, gran parte de ella se debió a un aumento de la conciencia, el refuerzo social del uso de preservativos, etcétera", señaló Kerr. "El cáncer requiere el mismo enfoque holístico", agregó.

"Se trata de invertir en el aumento del nivel de conciencia y en tratar de detectar el cáncer lo antes posible. Después de todo, es mucho más fácil curar un cáncer del tamaño de una uva que uno del tamaño de un pomelo", indicó el experto.

Los especialistas señalan que uno de los principales obstáculos a la hora de luchar contra el cáncer en el mundo en desarrollo es el temor a que los medicamentos necesarios sean demasiado costosos e imposibles de financiar para los estados.

No obstante, argumentan, hay muchos fármacos genéricos para enfermedades como el cáncer de pecho y algunos tumores infantiles que podrían tener un impacto drástico sobre la tasa de muertes de los países pobres, simplemente si existieran sistemas para llevarlos a quienes los necesitan.