dimarts, 13 de gener de 2009

La terapia de estimulación magnética ya ha sido probada en más de 10.000 pacientes


Un número creciente de clínicas aplica la nueva alternativa terapéutica que permite administrar corrientes eléctricas al cerebro de forma menos agresiva que el «electroshock». Aunque no hay acuerdo sobre su eficacia, cada vez más psiquiatras, algunos de ellos españoles, la emplean frente a la depresión.

Un paciente entra en la consulta del psiquiatra y se recuesta cómodamente. Se podría pensar que va ser psicoanalizado si no fuera porque el sillón que ocupa se parece al de un dentista y junto a él hay una pantalla táctil. En realidad, está a punto de someterse a una sesión de terapia de estimulación cerebral para tratar su depresión. En torno a un 25% de quienes padecen la enfermedad no responde al tratamiento farmacológico incluso después de haber tomado varios tipos de antidepresivos.
El especialista le coloca sobre la cabeza una bobina que emite impulsos magnéticos que, a su vez, generan una corriente eléctrica que activa las zonas implicadas en la alteración emocional.
Esta técnica acaba de recibir la aprobación para ser utilizada de forma habitual en Estados Unidos , aunque se viene utilizando desde hace más de una década en varios países, entre ellos España.
El organismo estadounidense que regula la aprobación de fármacos, alimentos y dispositivos médicos, la FDA, acaba de aprobar el primer aparato para suministrar la denominada terapia magnética transcraneal: Neurostar TMS, de la empresa Neuronetics. Los psiquiatras que la emplean creen que ese ha sido el espaldarazo definitivo para un tratamiento que no es totalmente nuevo. Uno de sus 'padres' científicos es el español Álvaro Pascual-Leone, quien coordinó desde la Universidad de Valencia el primer ensayo clínico controlado sobre su aplicación en pacientes con depresión, que se publicó en la revista 'The Lancet' en 1996.
Desde entonces han pasado muchas cosas. El procedimiento -cuyos orígenes se remontan aún más atrás y que sirve para diagnosticar y tratar otras patologías psiquiátricas y neurológicas- ya se ha administrado a más de 10.000 pacientes y en países como Canadá o Israel se emplea de forma habitual en muchas consultas. En España se ha introducido más tímidamente y apenas se usa en la sanidad pública, pero un número creciente de clínicas privadas confía en este método para 'rescatar' a los enfermos que, tras haber probado diversos fármacos, siguen sin poder decir adiós a su depresión.
Tanto ha cambiado el panorama que el propio Pascual-Leone ya ni siquiera trabaja en Valencia. Actualmente dirige el Centro Berenson-Allen para la Estimulación Cerebral no Invasiva, adscrito a la Universidad de Harvard (en Boston, Estados Unidos). Esta institución tiene una experiencia acumulada de aproximadamente una década y, en estos momentos, aplica el método a unos 200 pacientes, a razón de 10 diarios. «Aproximadamente un 60% responde al tratamiento, lo que quiere decir que deja de tener depresión», afirma el científico valenciano.
A diferencia del 'electroshock', la estimulación magnética no provoca convulsiones, no precisa anestesia y tan sólo presenta efectos secundarios muy leves y transitorios, como dolor de cabeza en un reducido porcentaje de personas. Se aplica durante un periodo de entre cuatro y seis semanas en múltiples sesiones de 30-40 minutos cada día. Lo normal es que el paciente no sienta ningún tipo de molestia.
Pascual-Leone expone las bases de su funcionamiento. «Cuando pasas una corriente eléctrica por una bobina de cable de cobre y la colocas sobre la cabeza del sujeto, se genera un campo magnético que penetra en la piel, el hueso y el cerebro». Como este órgano es un conductor de electricidad, en él se induce una corriente secundaria.
CIRCUITOS ALTERADOS
Por lo tanto, es una forma de inducir cambios en el sistema nervioso mucho más controlada que la que se consigue con el 'electroshock'. De hecho, la extensión que se aplica tiene el tamaño de la punta de un dedo. Pero el fin es el mismo: potenciar el correcto funcionamiento de los circuitos de neuronas que están poco activados en las personas con depresión. Tal y como señala el experto afincado en Harvard, se sabe «que en este trastorno hay una disminución de la actividad en las zonas prefrontales del cerebro». Se trata de una red que incluye localizaciones superficiales en la corteza de dicho órgano, pero también en regiones más profundas. «Una de las cuestiones importantes de la estimulación magnética es que, al modificar la franja de la corteza, por un efecto en cadena, acabas alterando también otras áreas que están conectadas con ella», añade.
Desde esa perspectiva, la depresión puede ser considerada como una 'circuitopatía', es decir, «una enfermedad de circuitos». En este caso, la red neuronal que no funciona adecuadamente es «la que te hace tener una vivencia adecuada de ti mismo y enfrentarte al mundo con energía, decisión, optimismo...».
La solución puede venir de la mano de la estimulación magnética, que permite 'recargar' las neuronas y restablecer esas conexiones que se han perdido. El especialista advierte que, de momento, no se ha podido demostrar que sirva para curar definitivamente el problema. De hecho, en los pacientes en los que se utiliza es preciso hacer terapia de mantenimiento.
EN ESPAÑA
En España empieza a haber psiquiatras que ya tienen una amplia experiencia en el empleo de la técnica. Uno de ellos es Juan José López Ibor, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, quien, de momento, sólo la utiliza en la clínica privada fundada por su padre. Sin embargo, los positivos resultados que ha obtenido en el transcurso de más de un lustro le han llevado a pedir una de las máquinas de estimulación para el hospital público en el que dirige un departamento. «Se ha aprobado la solicitud y en el transcurso de este año tendremos el aparato», confirma.
El 50% de los pacientes que ha tratado López Ibor «responden muy bien a esta terapia», asevera. En su opinión, el método ha tenido una escasa implantación nacional porque aún es poco conocido incluso entre los especialistas. «En medicina hay innovaciones que no tienen una acogida acorde a su eficacia porque no hay detrás un gran esfuerzo para difundirlas», dice.
Otro de los médicos españoles que ya emplea de forma habitual la estimulación magnética es Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría y director del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas. Su equipo ha evaluado los resultados obtenidos en una muestra de 24 pacientes y ha constatado que «el 71% mejoró clínicamente». Para el especialista, este tipo de técnicas son especialmente necesarias en un momento en el que la depresión ha alcanzado una prevalencia impensable hace años y «se ha convertido en la segunda causa de baja laboral, sólo por detrás de las enfermedades comunes, como la gripe».
Pero también hay psiquiatras que advierten de que, como con cualquier otra innovación médica, aún no se pueden echar las campanas al vuelo. Mauro García Toro, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Son Llatzer de Palma de Mallorca, conoce a fondo el procedimiento porque lo emplea desde hace años en investigación. «Falta por delimitar mejor qué perfil de pacientes es el más idóneo», apunta. Además, reconoce que hay expertos «escépticos respecto a la técnica, quizá porque se plantearon inicialmente unas expectativas muy altas sobre su posible utilidad clínica que hasta ahora no han podido ser satisfechas». Por eso, cree que es preciso «ser muy cautos en este punto, ya que la mayoría de los estudios sólo apunta mejorías claras en aproximadamente un tercio de los pacientes, mientras que el resto obtiene pocos o ningún beneficio».
CASOS GRAVES
García Toro tiene claro que los destinatarios deben ser personas con «depresiones graves y persistentes adecuadamente estudiados y supervisados», y que, en ningún caso, tendría sentido «aplicar la neuroestimulación a individuos con cuadros de desmoralización o insatisfacción condicionados por factores sociales o de personalidad, cuyo manejo debería ser psicológico».
Pascual-Leone está de acuerdo con esa apreciación de los actuales beneficiarios de la técnica y subraya que no se ha desarrollado «como alternativa o para suplantar a los fármacos, sino como un arma terapéutica más». No obstante, señala que la pregunta que inevitablemente surge es ¿cuál es el mejor momento para utilizarla? «Hasta ahora se ha demostrado que puede ser útil cuando los medicamentos ya no funcionan y, además, juega en su favor que no tiene los efectos secundarios del tratamiento electroconvulsivo», asevera. Y agrega que, en general, se ha administrado a enfermos «que llevan mucho tiempo con depresión y tan probado diversos tratamientos, lo que ha llevado al establecimiento de numerosos cambios en el cerebro que hay que revertir». Si se suministrase de forma más precoz, tal vez aumentaría su eficacia.
Pascual-Leone cree que las técnicas de estimulación magnética serán «el pan nuestro de cada día» en la próxima década, aunque reconoce que él no es del todo objetivo porque se halla inmerso en su desarrollo. De hecho, con su investigación pretende ir mucho más allá de los hitos conseguidos hasta el momento. Se ha propuesto descubrir las redes cerebrales que 'monitorizan' la salud global del organismo. «La idea es que el cerebro, aparte de dedicarse a cómo nos enfrentamos al mundo exterior, también controla el mundo interior, es decir, el resto del cuerpo. Cuando seamos capaces de modificar esos circuitos con estas técnicas, podremos hacer a cualquier individuo más sano, resistente a las enfermedades y, a la postre, más feliz en su vida», asegura.
El fin de la leyenda negra del tratamiento electroconvulsivo
El electroshock o terapia electroconvulsiva data de finales de 1930, cuando aún no existía ningún psicofármaco. En aquellos tiempos se comprobó que era muy eficaz, pero su leyenda negra no tardó en aparecer. La ausencia de otros tratamientos propició que se aplicase a prácticamente todas las personas con trastornos mentales, lo que produjo numerosos fracasos terapéuticos. Por otro lado, se administraba sin anestesia y resultaba muy dolorosa. Finalmente, películas como Alguien voló sobre el nido del cuco remataron la aureola de terapia maldita. Cuando empezaron a aparecer los primeros fármacos eficaces, el electroshock cayó en el olvido, pero no para siempre. En los últimos años se ha rehabilitado porque su eficacia es, incluso, mayor que la de la estimulación magnética. No obstante, a diferencia de ésta, no sólo precisa anestesia, sino que tiene un efecto adverso que provoca mucho rechazo: la pérdida de memoria, sobre todo de lo sucedido los días de terapia.
Un método muy versátil
La estimulación magnética transcraneal se emplea sobre todo en el tratamiento de la depresión, pero hay otras patologías psiquiátricas y neurológicas en las que también podría ser eficaz. Estos son algunos ejemplos:
Enfermedad de Parkinson y distonía. Ensayos clínicos preliminares revelan que los síntomas de estos trastornos del movimiento, sobre todo los del primero, podrían mejorar.
Esquizofrenia y trastorno obsesivo-compulsivo. Algunos psiquiatras, como Juan José López Ibor, ya tratan casos muy seleccionados de estas patologías en sus consultas.
Ictus. El Instituto Guttman de Barcelona es uno de los que investiga de forma más activa el empleo de este tipo de técnicas para revertir, al menos en parte, las lesiones neurológicas que se producen tras un accidente cerebrovascular.
Dolor crónico. Se está evaluando en casos en los que las molestias son de origen neurológico.