divendres, 14 de novembre de 2008

Al 'cole' con diabetes


Además de libros, cuadernos y lápices de colores, alrededor de 30.000 niños españoles también llevan cada día al colegio la insulina que necesitan para vivir. La diabetes que padecen hace que deban pincharse varias veces al día, algunas tal vez dentro del horario escolar; una rutina que para muchos no es fácil de cumplir.

"El problema es que, por cómo están las cosas, lo único que se puede hacer en la mayoría de centros es confiar en la buena voluntad de los profesores para que les atiendan si sufren una bajada de azúcar o simplemente se quedan al comedor", exclama Andoni Lorenzo, padre de una niña diabética.
No hay ninguna norma que regule cómo se debe atender a un niño diabético en la escuela; por eso, cada caso es único. Algunas comunidades, como el País Vasco, han establecido un protocolo que obliga a cualquier centro en el que estudie un niño enfermo a ofrecerle personal de asistencia. Sin embargo, tal como explica Lorenzo, la realidad de la gran mayoría de padres en el resto del estado es que tienen que apelar a la suerte para que en el centro que han elegido accedan a hacerse cargo de su hijo.
"Lo que acaba pasando es que uno de los dos tiene que dejar de trabajar para atenderle", lamenta Lorenzo, que también preside la Asociación de Diabéticos de Álava.
Según los datos de la Fundación para la Diabetes, hasta el 60% de padres de niños diabéticos menores de 10 debe cambiar su actividad laboral para manejar la enfermedad de su hijo.
"O alguno de los padres deja de trabajar o es el niño quien cambia su pauta de insulina. Hemos visto bastantes casos en los que el niño no puede seguir el tratamiento ideal precisamente por las dificultades con las que se encuentra en el colegio", confirma Mercedes Galindo, enfermera educadora en diabetes del Hospital Clínico de Madrid.
¿El fin del conflicto?
Para Lorenzo, la solución del problema pasa por la creación de una normativa que exija a los colegios la presencia de un profesional sanitario en el centro. "¿Cómo es posible que una empresa de 100 trabajadores tenga derecho a un médico, que en cualquier piscina, por pequeña que sea, sea obligatorio un socorrista y, sin embargo, que colegios de miles de alumnos no dispongan ni de un auxiliar?", se pregunta.
Coincide con sus palabras Galindo, para quien "la figura un sanitario en los centros de educativos se está pidiendo a gritos, y no sólo para tratar a niños diabéticos, sino para atender a cualquier tipo de enfermo, y realizar labores de prevención y educación sanitaria".
Con todo, esta enfermera afirma que un profesor bien informado puede atender perfectamente a un niño diabético. "El rechazo por parte de los docentes se debe en la mayoría de los casos a una gran desinformación".
"Es necesario que sepan que en la mayoría de ocasiones su labor es muy sencilla, cosas tan simples como saber cuándo deben darle un zumo a un pequeño o realizar una medición de glucosa", indica Galindo, quien remarca que ni siquiera poner una inyección de Glucagon –un fármaco que se usa para revertir las crisis de hipoglucemia graves- supone ningún riesgo.
"Está preparada para ser empleada por personas no profesionales y no tiene ninguna contraindicación; el niño no sufre ningún problema si se pone aunque no exista una gran bajada de azúcar", resalta.
Para María del Carmen Marín, secretaria de la Fundación para la Diabetes, la colaboración entre educadores y sanitarios es fundamental en este tipo de casos. "Es importante compartir información para que el profesor se sienta seguro".
De hecho, esta experta recomienda a los padres que acaben de conocer la enfermedad de sus hijos que acudan a exponer la situación a su centro escolar acompañado de un educador en diabetes o un miembro de la asociación de pacientes. "Un especialista es capaz de trasmitir los datos necesarios de forma clara y sin la angustia que suelen tener los padres, lo que facilita mucho las cosas".