dilluns, 21 de juliol de 2008

La hiperactividad no es una moda, sino una realidad

Hasta hace pocos años el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no se diagnosticaba, sin embargo cada vez es más frecuente. El TDAH no es una enfermedad, sino un trastorno del comportamiento producido por una alteración en los neurotransmisores cerebrales.
No se trata de un defecto en el sistema educativo del niño. Suele tener una base genética, hereditaria, ya que, en muchos casos, los padres o familiares cercanos padecen o padecieron el mismo trastorno. Los hermanos son quienes mayor riesgo tienen de padecerlo y aún más los gemelos idénticos. Pero no todo es predisposición genética, también existen factores ambientales, traumatismos, infecciones postnatales o exposición a tóxicos prenatales que facilitan el TDAH

El problema es el déficit de atención puede acompañarse de hiperactividad. El déficit de atención impide que estos niños aprendan adecuadamente y la hiperactividad dificulta enormemente las relaciones sociales y familiares, entorpeciendo así la integración escolar.
Estos son los niños inquietos que siempre han existido, los rabos de lagartija que nunca estaban quietos, los que ponen nerviosos o sacan de sus casillas a maestros y padres, los que eran castigados una y otra vez sin que el castigo consiguiera calmarlos... Y es que, la hiperactividad y el déficit de atención no son voluntarias. Los niños se mueven porque no pueden dejar de hacerlo y se comportan de esta forma porque no pueden ser de otro modo.
El TDAH siempre ha existido, aunque no se ha considerado como problema sanitario hasta hace poco. Hasta ahora se pensaba que era consecuencia de mala educación, echándoles por ello la culpa a la familia, cuando ni la familia ni la educación son responsable de este trastorno.
El TDAH no es una moda sino una realidad que en el pasado ha afectado a muchos personajes históricos que triunfaron en sus respectivos ámbitos, como Santiago Ramón y Cajal o Churchill. Sin embargo, a muchos desconocidos, el TDAH no les permite desarrollarse social ni laboralmente y fracasan por ello.
Los niños con TDAH no pueden aprender adecuadamente, se adaptan mal a las normas sociales de convivencia y suelen tener problemas escolares tan importantes como el fracaso escolar, la inadaptación social por desobediencia, la impulsividad, la oposición, la agresividad y el desafío. Por estas razones, en la adolescencia tienen riesgo de delincuencia.
Por ello es necesario que los padres y los profesores detecten precozmente el TDAH, para iniciar el tratamiento lo antes posible. Estos niños se caracterizan por presentar dificultad para mantener la atención y se mueven constantemente pasando de una actividad a otra sin terminar ninguna. Suelen ser impulsivos, actúan antes de pensar y son incapaces de mantener su turno para opinar o para actuar. Además, tienen dificultades para seguir las instrucciones, son desobedientes y por ello se les castiga frecuentemente.
La falta de atención, la impulsividad y a veces la hiperactividad puede desembocar en un fracaso escolar, especialmente del área de la lectura y la escritura, el lenguaje y la aritmética. En resumen, si un niño inteligente es distraído, nervioso o tiene problemas sociales y escolares, podría tratarse de un TDAH y por ello aconsejo que consulte a un especialista.
El tratamiento, en el que deben participar los padres y profesores , es doble y consiste en modificar el método de enseñanza y de relación con estos niños y en seguir una terapia conductal. La mayoría necesitan, además, fármacos que ayudan a que los dos tratamientos anteriores sean efectivos. El medicamento más utilizado es el metilfenidato y sus resultados suelen ser excelentes.