dilluns, 9 de juny de 2008

El botón de 'off' de las crisis epilépticas

Los ataques epilépticos empiezan y terminan de forma espontánea. Aunque las claves de su inicio siguen siendo un enigma, un trabajo publicado en 'Nature Neuroscience' y realizado en ratones explica el mecanismo molecular que hace que estas crisis paren.
"(…) como si viniera de la intensidad de la conciencia de la individualidad, la individualidad parece disolverse y se desvanece en el ser sin límites; y esto no es un estado confuso sino el estado más claro de los claros, el más cierto de los ciertos y el más sabio entre los sabios, totalmente más allá de toda palabra". Así describió el poeta inglés Alfred Tennyson la epilepsia que padecía desde niño. Como él, otros escritores han dado testimonio de sus crisis, como Fyodor Dostoevsky, que imprimió este rasgo a varios de sus personajes.
Sus ataques, como los de la mayoría de las personas que sufren esta enfermedad, cesan espontáneamente sin motivo conocido. Un equipo de científicos de la Universidad de Iowa (Estados Unidos) parece haber dado con la explicación. Un canal iónico que se activa en función del pH del medio emite las señales para que las crisis acaben.
Su descubrimiento se basa en viejas observaciones clínicas. Desde hace décadas se sabe que respirar dióxido de carbono ayuda a que las crisis paren. Este fenómeno obedece a que el CO2 hace que el pH cerebral baje (i.e, se acidifique). Además, en los años 50 se constató que la propia aparición de un ataque epiléptico hace que el pH se vuelva más ácido. Pero la clave está en un canal iónico llamado ASIC1a que se activa cuando el pH del cerebro baja.
Con todos estos datos, elaboraron una hipótesis que después comprobaron era cierta. Durante una crisis epiléptica, los tejidos se van acidificando. En un determinado momento, este descenso del pH hace que el canal ASIC1a se active y emita las señales adecuadas para que las neuronas inhibidoras del ataque se pongan en marcha y hagan que pare.
"Esta es una de las primeras explicaciones a nivel molecular de por qué las crisis suelen desaparecer de forma espontánea una vez han empezado", ha explicado a elmundo.es John Wemmie, profesor de psiquiatría de la Universidad de Iowa y coautor del estudio.
El experimento con ratones
Él y sus colegas cogieron dos poblaciones de ratones y a una de ellas la alteraron para que no tuviera ASIC1a. Después les inyectaron una sustancia convulsivante (que desencadena una crisis). Durante los primeros 20 minutos, las convulsiones eran similares en todos los ejemplares, pero después, tal y como predecía su hipótesis, los roedores que no expresaban el citado canal iónico empeoraron ostensiblemente.
Para eliminar posibles confusiones, decidieron inhibir la acción de ASIC1a en el grupo de ratones 'normales' y repitieron el experimento. Como era de esperar, sus crisis se tornaron más graves. Por último, crearon una nueva familia de roedores que, esta vez, tenían más canales de lo normal y sus crisis eran más leves.
"Nuestro trabajo ofrece la posibilidad de emplear estos canales de forma que seamos capaces de atenuar la gravedad de las crisis, tal vez incluso en personas", señala Wemmie, aunque serán precisas más investigaciones. El siguiente paso será "entender mejor el mecanismo que hace que las crisis cesen y comprobar si ocurre lo mismo en los seres humanos".

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