dimecres, 5 de setembre de 2012

Cuando ser obeso puede ser saludable

Uno de los síntomas del inicio del 'nuevo curso' es cuando la publicidad inunda los sentidos con un único mensaje: quitarse los kilos cogidos en el verano. Si para lucir 'tipito' en la playa muchos se sometieron a la 'operación bikini', ahora llega el invierno y hay recuperarse de los excesos veraniegos. Además, la conciencia nos dicta que ya no es sólo un tema de apariencia, sino que ese sobrepeso, si no nos cuidamos, puede llevarnos a problemas importantes de salud. Pero ahora dos estudios ponen de relieve que no todo lo obeso es sinónimo de mala salud. En algunos casos parece que al contrario. Mientras que desde EEUU nos hablan de obesos metabólicamente saludables, desde Suecia nos explican que esta población tiene incluso menos riesgo de morir si se ha desarrollado una enfermedad de corazón en lo que vuelve a ser un ejemplo de la llamada 'paradoja de la obesidad'. Metabólicamente sanos "Es sabido que la obesidad está ligada a un gran número de enfermedades crónicas, tales como los problemas cardiovasculares. Sin embargo, hay un grupo de personas obesas que parecen estar protegidas de estas patologías", afirma a ELMUNDO.es el doctor Francisco Ortega, investigador Ramón y Cajal de la facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada y uno de los autores de este estudio. Estos afortunados se caracterizarían por ser personas obesas (es decir, según el Índice de Masa Corporal -IMC- superarían los 30kg/metro cuadrado o tener un porcentaje de masa grasa mayor del 30% en mujeres y del 25% en hombres), metabólicamente sanas y en forma, sin mayor riesgo de desarrollar o morir por las clásicas enfermedades asociadas a los kilos de más. "Es más, las posibilidades de tener alguna de estas patologías son parecidas a las de una persona con peso normal", explica. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores llevaron a cabo su análisis en la University of South Carolina (EEUU) realizando el estudio más amplio sobre este tema, con 43.265 participantes. "A todos ellos se les reclutó de 1979 a 2003. Durante este tiempo realizamos test y tomamos datos de sus condiciones físicas y corporales; igualmente observamos las causas de muerte de aquellos que habían fallecido durante este tiempo", indica este investigador. Los autores, que publican sus conclusiones en 'European Heart Journal', observaron que tenían un grupo de personas sanas y de peso normal, otro de obesos o mórbidos que desarrollaron problemas asociados a su peso y un tercer grupo "de algo más de 5.000 personas que estaban completamente sanas a pesar de su obesidad", indica Ortega. Para hablar de este grupo de personas que Ortega estima en un 30% de la población obesa, "se mostraba que estaban sanos y aunque seguramente haya varios factores que expliquen su situación, nosotros encontramos que tenían una característica en común: su condición física". "Cuando se realizan estudios sobre la obesidad se suelen medir parámetros clínicos como la tensión, la glucusa y demás, pero pocas veces se tiene en cuenta la condición física del paciente. En nuestro estudio medimos lo que se llama sus capacidades aeróbicas o cardiorrespiratorias, es decir, evaluamos en una prueba de esfuerzo su aptitud cardiorrespiratoria, así como las mediciones de talla, peso, circunferencia de la cintura y porcentaje de grasa corporal. Todos ellos presentaban una gran condición física, como la de cualquier persona de peso normal", prosigue este doctor. Con estos datos, y ajustándolos al resto de parámetros estudiados, los investigadores llegaron a la conclusión de que este grupo de personas tenía un 38% menos de riesgo de muerte por cualquier causa asociada, comparado con el de sus compañeros metabólicamente menos sanos. "El riesgo de desarrollar o sufrir una enfermedad cardiovascular o un cáncer asociado a su peso se redujo entre un 30 a un 50% en estas personas", añaden en el estudio. Pero el estudio va más allá de sus simples datos 'curiosos'. "Lo que hemos demostrado con estos datos es que la forma física es un factor importante para la buena o mala salud de la persona. Normalmente, cuando estas personas se realizan un chequeo se miden los parámetros clásicos de glucosa, colesterol o presión arterial, pero creemos que si se tiene en cuenta su condición física y la grasa corporal la estimación del riesgo cardiovascular de las personas obesas sería mucho más preciso", resume este especialista. No es la primera vez que se estudia a los 'obesos sanos'. Científicos del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) detectaron hace dos años que algunas personas con obesidad mórbida estaban metabólicamente sanas, posiblemente por algún factor genético. Un resultado que, según indica a ELMUNDO.es el líder de la investigación, el doctor Francisco J. Tinahones, era "muy importante, pues se podría mostrar la clave para evitar enfermedades metabólicas aunque se incremente el tejido adiposo, así como posibilitar la investigación con nuevos fármacos siempre que se descubran los mecanismos por los que estas personas están sanas". "Desgraciadamente, la salud de la mayoría de los obesos está asociada a diferentes enfermedades por esos kilos, pero no se puede meter en el mismo saco a toda la población obesa, de la misma forma que una persona con peso normal también puede tener problemas metabólicos. Si entendemos esto podemos dar diagnósticos más precisos para estas personas teniendo en cuenta otros factores no clásicos como la genética, el ejercicio o la flora intestinal, mientras se buscan terapias para el resto de obesos no sanos", reflexiona el doctor Tinahones. La paradoja de la obesidad Y si hay una parte de obesos sin problemas, otro estudio aparecido en la misma revista indica que el sobrepeso y la obesidad ayudan a tener un menor riesgo de morir cuando ya se ha desarrollado una enfermedad del corazón si se compara con aquellos que tienen un peso normal o están delgados. En este caso, investigadores suecos estudiaron a 64.436 pacientes que habían desarrollado síndromes coronarios agudos, como la angina inestable o el infarto de miocardio entre los años 2005 y 2008. Todos ellos se sometieron a una angiografía coronaria, es decir, un procedimiento en el que se utiliza un tinte especial y rayos X para observar el interior de las arterias coronarias. "Hemos encontrado que los pacientes que tenían bajo peso (un IMC inferior a 18,5 kg/metro cuadrado) tenían mayor riego de morir por estas patologías cardiacas, justo el doble que aquellos que tenían un IMC normal (entre 21 a 23,5 kg/metro cuadrado). Sin embargo, su riesgo de morir por estas enfermedades era tres veces mayor que los que presentaban un IMC superior a 26,5; aunque eso sí, el riesgo más alto era para aquellos que sufrían obesidad mórbida, con un índice superior a los 40kg/metro cuadrado", indica el estudio. Por todo esto, los investigadores concluyen en que creen "que no existe evidencia que demuestre que la reducción de peso en sí misma tenga un valor predictivo positivo después de un problema del corazón. En realidad, algunas evidencias sugieren que la pérdida de peso después de estos episodios pueden tener un efecto negativo", indican.