divendres, 24 d’agost de 2012

¿Quién controla una tinta contaminada?

Mucho se ha hablado de los riesgos de los tatuajes y de si los establecimientos cumplen los requisitos de Sanidad, pero un estudio, publicado en la revista 'The New England Journal of Medicine', pone la mirada en la tinta y no en el tatuador. La aparición de una serie de casos en los que había una infección cutánea por culpa de la 'Micobacterium chelonae', una micobacteria no tuberculosa que se encontró en la tinta premezclada del tatuaje, ha puesto de manifiesto lo que para algunos expertos son agujeros en los controles sanitarios de este tema en los Estados Unidos, por lo que cabe preguntarse qué pasaría en el caso español. En EEUU, las tintas de los tatuajes se consideran dentro del ámbito de los cosméticos en su normativa, por lo que las leyes que se siguen se ajustan a las de estos productos. "Por ello, los componentes de los pigmentos de las tintas requieren de su aprobación para ser comercializados y se investiga como si de cualquier otro producto cosmético se tratara para no encontrar componentes peligrosos para la salud que ya tenemos clasificados", explica Pamela M. LeBlanc, miembro de la agencia estadounidense del medicamento (FDA). Competencias compartidas La normativa es parecida a la que rige en España sobre la fabricación de las tintas, donde se siguen las disposiciones aprobadas por el Consejo de Europa y el Real Decreto 209/2005. En estas legislaciones se ofrece un listado de aquellas sustancias que no se pueden utilizar en la fabricación de tintas por su peligro para la salud. La normativa también contempla la concentración máxima de impurezas permitidas y explicita que todo el proceso ha de llevarse a cabo con productos esterilizados, entre otros asuntos. Pero hay más. Para controlar tintas y tatuadores en España "las competencias están compartidas", explica a ELMUNDO.es Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). "Si hablamos de la seguridad de los establecimientos de tatuajes, quienes se encargan de llevarlas a cabo son las comunidades autónomas. Desde 2001 han establecido un proyecto normativo con unos acuerdos de base para todas en cuanto a la seguridad higiénico-sanitaria de estos centros", indica. Pero si hablamos de las tintas, es la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios la que las aprueba basándose en documentación toxicológica y garantías de calidad que presentan las empresas que quieran venderlas. Este organismo, además, estará atento a las redes de farmacovigilancia por si hubiese algún problema. "Si yo soy un fabricante que ha conseguido la aprobación, pero en uno de los lotes pasa algo que lo contamina, normalmente es después cuando el organismo se entera, ya que es muy difícil que justo en ese momento haya una inspección y se encuentre el fallo", explica Rubén Sánchez, portavoz de FACUA-Consumidores en Acción. Afectado por la bacteria Micobacterium Chelonae | NEJM Ampliar foto Afectado por la bacteria Micobacterium Chelonae | NEJM "Si alguien presenta un problema de salud por un tatuaje puede acudir a la Consejería de Sanidad de la comunidad autónoma. Desde allí, un grupo de inspectores visitará el centro para evaluar si se trata de un problema de mala praxis del tatuador o de las condiciones del recinto, ya que normalmente la mayoría de los problemas que se han presentado por tatuajes viene por unas deficientes condiciones higiénico-sanitarias o por tintes no autorizados. En el caso de que cumpliera toda la normativa, como en el brote de EEUU, ya sería cuestión de la Agencia Española de Medicamentos el investigar si es un problema de la tinta y después crear una red de alertas", comenta el portavoz de la OCU. Una alerta que para el portavoz de FACUA siempre tiene que ser "rápida y transparente para evitar más riesgos". Poniendo un símil, Enrique García recuerda los casos de los implantes mamarios PIP, donde "no existe un registro de las prótesis, pero sí se detectaron las anomalías. De ahí la importancia de las denuncias de los ciudadanos", señala. Sin embargo, ¿se pueden mejorar los sistemas de seguridad y prevención de las agencias sanitarias? 'Micobacterium chelonae' Eso es lo que se preguntan los autores del estudio y un editorial del NEJM. En dicho estudio se hace referencia a una serie de pacientes (19 en total) que tenían todos el mismo tipo de infección (erupciones cutáneas granulomatosas) presente en la piel donde se habían realizado un tatuaje por el mismo dibujante. Tras realizar biopsias y análisis de ADN, los científicos comprobaron que la culpable de esas erupciones era la bacteria 'Micobacterium chelonae'. Aunque en un principio se sospechó que el problema venía por una mala praxis del tatuador, la investigación demostró que el origen estaba en la tinta. "En todos los pacientes se utilizó una tinta premezclada para conseguir diferentes tonalidades de grises. Para ello, se utilizó tinta negra mezclada con agua destilada, hamamelis y glicerina", explican los autores del estudio. "Los informes con los que contábamos antes del brote de Nueva York señalaban que las micobacterias no tuberculosas relacionadas con tatuajes se producían normalmente al usar agua del grifo o agua destilada para diluir las tintas en los salones de tatuajes. Sin embargo, descubrimos que este tatuador no realizaba personalmente las mezclas, sino que las compraba a un fabricante de Arizona. Tras acudir a dicho fabricante y analizar muestras de tinta sin utilizar vimos que la contaminación se había realizado en cualquier momento del proceso de producción de la tinta, ya que había muestras de la micobactería en todas los envases de tinta", explica en el editorial Pamela M. LeBlanc. Para los dermatólogos, la bacteria encontrada y su contaminación en la producción es un caso muy poco habitual, tal y como refieren los investigadores americanos y españoles. "Llevo 15 años tratando con tatuajes, sobre todo para quitarlos, y en este tiempo no he visto infecciones por 'Mycobacterium chelonae', pero sí por ejemplo de 'Estafilococos aureus' (bacteria que puede producir una amplia gama de enfermedades, entre ellas, problemas cutáneos) o infecciones por hongos. Éstas suelen ser las más comunes", explica a ELMUNDO.es la dermatóloga Paz Cerdá, de la Academia Española de Dermatología. Eduardo López-Bran, jefe de dermatología del Hospital Clínico de Madrid, es de la misma opinión. "Yo tampoco he visto un caso de estas características; es más, lo habitual en infecciones provocadas por tatuajes vienen por la falta de seguridad higiénico-sanitaria de los tatuadores, ya sea porque no esté bien esterilizada la zona de la piel en la que se va a tatuar o los instrumentos que se van a utilizar para ello, o por tintes no autorizados. Al principio de la moda de los tatuajes había bastantes casos de estos, pero ahora afortunadamente cada vez son menos. Si se va a un centro en regla y siguiendo las leyes existentes lo más normal es que no ocurra nada y los problemas dermatológicos vengan por otras vías como las alergias", afirma. Hablando de la normativa, Paz Cerdá explica que el único problema es el adelantarse a este tipo de casos. "Está todo explicado respecto a los ingredientes que se pueden utilizar o no y sus cantidades, pero el problema en EEUU no era producto de una infección por una componente de la tinta, sino por una contaminación en su proceso de producción. En las normativas no se concreta las medidas de seguridad para evitar que se produzcan estos casos y la verdad es que es muy difícil prevenirlos", explica Paz Cerdá. De hecho, la agencia reguladora americana, tras conocer la existencia de las infecciones por esta bacteria, intentó identificar casos adicionales por todo el país, encontrándose situaciones parecidas en otros estados donde estaban implicadas múltiples tipos de micobacterias. Pamela M. LeBlanc recuerda las dificultades en el tratamiento de aquellos que han sido contaminados y pide a las autoridades respuesta ante estos hechos, contemplando mayores sistemas de seguridad no sólo en los componentes de las tintas, sino también en su producción y manejo tanto antes como después de conseguir las licencias. "Así mejoraríamos el conocimiento, diagnóstico y tratamiento con el fin de desarrollar medidas más eficaces para los problemas de salud pública que pueden relacionarse con una práctica tan extendida como es la del tatuaje", afirman tanto LeBlanc como los autores del estudio.