divendres, 24 d’agost de 2012

Cobertura sanitaria universal, el gran logro mexicano

Hace una década unos 50 millones de personas no tenían acceso a la Sanidad. Todos ellos vivían en un país: México. Ahora, tras una reforma que ha durado menos de 10 años, el panorama ha cambiado radical y positivamente. Los mexicanos ya pueden disfrutar de su derecho a la sanidad aunque no tengan un trabajo ni dinero para pagar un seguro privado. La universalidad sólo puede lograrse cuando los gobiernos cubran los gastos sanitarios de las personas que no puedan hacer frente a las contribuciones al sistema sanitario. Independientemente de lo rico que sea un país, algunas personas son sencillamente demasiado pobres para contribuir por medio de los impuestos sobre la renta y/o las cotizaciones al seguro, o únicamente pueden contribuir con una pequeña cantidad". Así de contundente se muestra la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Informe sobre la salud en el mundo 2010. México es un ejemplo de que si se quiere se puede, así lo demuestra un artículo publicado en la revista 'The Lancet' y elaborado por un grupo de expertos en Salud Pública, incluido Julio Frenk, decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y exministro de Salud de México. En este análisis se recogen los avances producidos en menos de 10 años, al igual que los retos sanitarios que tiene México todavía, un país con más de 100 millones de habitantes. Hasta 2004, la atención médica y sanitaria sólo estaba disponible para los ciudadanos mexicanos que pudieran pagar sus cuotas de la seguridad social a través de su empleo, o si disponían de un seguro privado. Aquellas personas que no tuvieran un empleo con un salario fijo y que no pudiera afrontar el gasto de un seguro privado de salud no podían recibir una atención sanitaria adecuada salvo que ellas mismas se la pagaran de sus bolsillos. La semilla del cambio se sembró en 2003, cuando el congreso mexicano aprobó las reformas para establecer el Sistema de Protección Social en Salud (SPSS). Estas reformas permitieron la introducción del Seguro Popular, una ambiciosa idea cuyo objetivo era asegurar a todos los ciudadanos, incluso a los más pobres, un acceso al sistema sanitario, que contemplara tanto el tratamiento de enfermedades crónicas, como medidas preventivas y diagnósticas. "En abril [de 2012], 52,6 millones de mexicanos, previamente sin seguro, fueron incorporados al SPSS y se logró la asignación presupuestaria para la cobertura universal. Cada mexicano, independientemente de su situación socioeconómica, tiene acceso a una protección sanitaria que les aleja de la terrible elección entre el empobrecimiento y el sufrimiento o incluso la muerte", sentencia la profesora universitaria Felicia Knaul de la Fundación Mexicana de Salud y directora de la Iniciativa para la Equidad Global de Harvard. Indicadores de salud Aunque todavía es pronto para conocer el impacto final de la cobertura universal sobre diferentes sectores del país, el estudio muestra cómo han cambiado ya algunos indicadores de salud. El cuidado prenatal que antes llegaba sólo al 14% de las mujeres ahora lo hace al 81%, el tratamiento de infecciones agudas respiratorias en niños menores de cinco años ha aumentado casi un 6%, y el screening de cáncer de cuello de útero a mujeres de 25 a 64 años ha pasado del 7% a alcanzar a casi la mitad de la población. En resumen, de las seis intervenciones relacionadas con cuatro enfermedades (VIH/sida, cáncer de cuello de útero, leucemia linfoblástica aguda en niños y adolescentes y la cirugía de cataratas) que estaban cubiertas en 2004 se ha pasado, con datos de finales de 2011, a 57 intervenciones. Estas medidas están relacionadas con un gran número de enfermedades, incluidas el cáncer de mama, de próstata, el testicular, el trasplante de córnea, el infarto agudo de miocardio en menores de 60 años o la cirugía para malformaciones congénitas o adquiridas. "Hay importantes lecciones para otros países de medianos y bajos recursos que comparten con México la búsqueda de una cobertura sanitaria universal, en particular el posicionamiento de la reforma sanitaria dentro de un entorno legal para asegurar la protección de futuras interferencias políticas. Y, crucialmente, México ha mostrado cómo esa cobertura además de ser éticamente algo que había que hacer, es una decisión sabia. La reforma sanitaria, hecha adecuadamente, fortalece el desarrollo económico", afirma un editorial que acompaña al artículo. Asignaturas pendientes No obstante, México tiene todavía muchos retos sanitarios por delante. El dinero sigue saliendo de los bolsillos de muchos ciudadanos por motivos de salud, "porque las familias se enfrentan a temas relacionados con el acceso y la calidad. Los vacíos persisten debido a las continuas limitaciones en temas cruciales de la atención sanitaria, especialmente en recursos humanos y organizativos", reza el artículo. Las próximas mejoras del sistema sanitario pasan por solucionar algunos problemas como, por ejemplo, la falta de médicos en algunas especialidades del Seguro Popular, como es la Oncología. Otro reto es mejorar el acceso en las áreas rurales, en algunas de las cuales no hay transporte público y tienen centros de salud que ofrecen un servicio básico deficiente, con una pobre infraestructura en telecomunicaciones y, con frecuencia, un equipo médico formado por estudiantes. Por último, será necesario cumplir con el reto de las enfermedades crónicas y las intervenciones en catástrofes, con unos incentivos económicos y educativos para prevenir y promover los factores de riesgo. No obstante, estos retos no nublan lo conseguido en la última década. "La reforma sanitaria en México contribuye al conocimiento del movimiento global para la cobertura universal en salud [...] Esta experiencia ha sobrevivido a la crisis económica de 2008-2009 y los servicios siguieron expandiéndose. Una lección que puede extraerse es la importancia de una inversión a largo plazo en el desarrollo de instituciones educativas y de investigación que generen evidencia para el diseño de políticas e implementación", afirman los autores de este artículo. Como recuerda una de las grandes defensoras de este movimiento, Margaret Chan, directora de la OMS, todos los gobiernos deberían tener como objetivo esta medida y señala que "antes de buscar de dónde recortar el gasto de la asistencia sanitaria, hay que buscar opciones que mejoren la eficiencia. Todos los sistemas sanitarios, en todas partes, podrían hacer un mejor uso de los recursos, ya sea a través de prácticas de contratación mejores, de un mayor uso de los productos genéricos, de mejores incentivos para los proveedores o de una financiación y procedimientos administrativos simplificados".