dijous, 12 d’abril de 2012

La depresión antecede al párkinson en un 40% de los casos

Desde hace 15 años, se conmemora cada 11 de abril el Día Mundial del Parkinson, una enfermedad degenerativa y crónica del sistema nervioso, caracterizada por afectar a las zonas del cerebro encargadas del control y coordinación del movimiento y del equilibrio, con la particularidad de que en un 40 por ciento de los casos, su primera manifestación es la depresión. Según datos estimados de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en España, entre 120.000 y 150.000 personas padecen la Enfermedad de Parkinson y, cada año, se detectan unos 10.000 casos nuevos, lo que la convierte en la segunda patología neurodegenerativa, tras el Alzheimer, más numerosa. Pero además, se estima que el número de afectados, debido al progresivo envejecimiento de la población española, se duplicará en 20 años y se triplicará en 2050. A día de hoy, el coste de la Enfermedad de Parkinson en Europa se acerca a los 11 billones de euros anuales. El 70% de las personas que padecen Parkinson en España tienen más de 65 años (lo que supone el 2% de los mayores de esta edad) mientras que un 15% no supera los 45 años. “En los últimos años, la incidencia de esta patología en gente más joven, pero también en el resto de la población, parece haber aumentado, aunque esto es debido principalmente a que el diagnostico de esta dolencia se realiza mucho antes. En todo caso, el diagnóstico de esta enfermedad sigue siendo un aspecto a mejorar”, ha explicado la Dra. Rosario Luquín Piudo, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN). El principal problema para su diagnóstico es que se trata de una enfermedad de la que no se conocen exactamente sus causas: aproximadamente un 10% se consideran hereditarias, un 5% podrían tener un origen ambiental o tóxico, pero del 85% restante se desconoce su origen. Una dificultad importante en el diagnóstico preciso de esta enfermedad radica en que hoy por hoy, no existe una prueba de laboratorio o de imagen que permita establece con total garantía que un sujeto tiene una enfermedad de Parkinson. Por otro lado el hecho de que en muchas ocasiones la enfermedad se manifieste por distintos síntomas que, además, pueden ser achacables a otras enfermedades, dificulta todavía más el proceso diagnóstico. Tradicionalmente se ha asociado la Enfermedad de Parkinson con la imagen de una persona mayor con temblor pero, “ni es una enfermedad exclusiva de las personas mayores, ni el temblor es el único indicador de esta enfermedad”, ha explicado la Dra. Rosario Luquin. “Se puede manifestar a través de síntomas como torpeza, lentitud, rigidez muscular, pérdida de equilibrio,…pero también por otros síntomas que nada tienen que ver con trastornos del movimiento. En un 40% de los casos, la primera manifestación del Parkinson es la depresión”. Es frecuente que las personas afectadas de Parkinson sufran depresión, ansiedad, apatía o nerviosismo, incluso antes de que aparezcan los síntomas motores tan característicos de la enfermedad y al día de hoy se les considera síntomas premotores de la enfermedad. Pero además, dos de cada tres personas pueden experimentar algún tipo de disfunción sexual -bien como consecuencia del tratamiento farmacológico, por alteraciones del sistema nervioso o motivados por factores emocionales- y, en la misma proporción, padecer alteraciones de sueño: un 15% padecen somnolencia excesiva por el día y es frecuente que también experimenten insomnio, fragmentación del sueño, pesadillas.... Por otra parte, hasta un 15% de los pacientes en tratamiento pueden desarrollar trastornos del control de los impulsos que en la mayoría de los casos se manifiestan por conductas de hipersexualidad, ludopatía o adiciones a las compras, a la comida o a hobbies... “Es importante que, ante los primeros síntomas, o al desarrollar cualquier tipo de comportamiento anómalo una vez diagnosticada la enfermedad, se consulte con el neurólogo. La Enfermedad de Parkinson, aunque sea crónica, tiene multitud de posibilidades terapéuticas tanto para combatir los síntomas de la propia enfermedad, como para los efectos adversos que puedan presentarse”, según ha indicado esta experta. Ciertos tratamientos farmacológicos, o incluso la cirugía, han demostrado ser muy eficaces, pero, desde la SEN se remarca la necesidad de que cada persona reciba un tratamiento muy personalizado ya que la cirugía no beneficia a todos y cada paciente desarrolla una respuesta diferente al tratamiento médico.