dijous, 17 de març de 2011

España tiene en un almacén central 119.300 tabletas de yodo

El Gobierno nipón ha repartido 230.000 unidades de yodo con el objetivo de minimizar los efectos de la radiación en el organismo humano. Entre los productos tóxicos que se escapan tras el accidente de la central nuclear de Fukushima uno de los más peligrosos para la salud es el yodo radiactivo, que se acumula en la glándula tiroidea y dispara las probabilidades de sufrir problemas a largo plazo, sobre todo cáncer. El riesgo es especialmente alto en niños y jóvenes. Para controlarlo, hay que tomar pastillas de yodo potásico, como se ha hecho en Japón.


En España, los planes de emergencia de las centrales nucleares contemplan una reserva de estas pastillas en caso de accidente (ver tabla inferior). Como reconoce Antonio Cornado, responsable de comunicación de Nuclenor, empresa que gestiona la Central Nuclear de Garoña (Burgos), de las mismas características que la de Fukushima, "cada central tiene un stock de pastillas de yodo para tratar a sus trabajadores en caso de emergencia. Pero luego hay más reservas que gestiona Protección Civil". Además, añade que "estas dosis se renuevan periódicamente ya que, como todo fármaco, tienen fecha de caducidad, que suele ser cada dos años".

En concreto, como informa Protección Civil, en la actualidad hay almacenadas, en la reserva central, 117.000 dosis para adultos y 2.300 para niños (estas últimas suelen ser gotas). "Estas reservas son suficientes para cubrir a la población de los municipios próximos a las centrales, que es la que requeriría profilaxis radiológica", indican.

Hay dos laboratorios que ofrecen el yoduro potásico en España: Bial y Recordati. Desde este último declaran que "anualmente distribuimos a España aproximadamente 200.000 unidades de 50 comprimidos -para uso ginecológico fundamentalmente-, pero si hubiese necesidad se podrían distribuir las cantidades disponibles, por los mecanismos autorizados, inculso para servir a otros países".

Iñigo Pagoaga, director general de Bial reconoce que, por el momento, "nosotros no hemos notado por ahora ningún aumento de los pedidos, como sí ha sucedido en EEUU". De hecho, Jim Small, presidente de Recipharm, una compañía sueca que es la mayor distribuidora de yoduro potásico de EEUU, ha declarado a 'The New York Times' que "en los últimos tres días hemos vendido más pastillas que en los últimos tres años".

Las pastillas de yodo se venden en las farmacias, con receta médica. "Se compran para el embarazo, para prevenir malformaciones en el feto, y vienen envases con concentraciones muy bajas y, a veces, mezclados con ácido fólico. Si se necesitan concentraciones mayores de 200 microgramos hay que preparar la formulación", cuenta Gemma Viñas, farmacéutica.

Mujeres y niños primero
Según explica a ELMUNDO.es Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, "los trabajadores de Fukushima y los ciudadanos de los alrededores deben tomar estas pastillas el tiempo que sea necesario hasta que haya pasado realmente el riesgo de exposición".

Aunque pueden tener algún efecto secundario, como el hipotiroidismo o complicaciones en aquellos individuos cuyos riñones no funcionen correctamente, en caso de emergencia nuclear la recomendación de las autoridades sanitarias es que todos los que hayan estado expuestos a radiación tomen las pastillas.

Si no hubiera suficiente, quienes primero deben tomarlas son los niños y las embarazadas. Como indican desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición a la radiactividad afecta mucho al embarazo y aumenta el riesgo de que el niño nazca con defectos o que padezca cáncer infantil -como demostró la tragedia de Chernobil-.

Los hospitales también tienen un stock de yoduro potásico. Como confirma el doctor Trilla "en nuestro centro, y me consta que en todos los de Cataluña, hay pastillas suficientes para cubrir a un número alto de personas. Esto se debe a que se utilizan médicamente para tratar algunos problemas de tiroides y para paliar los efectos de algunos tratamientos que someten a los pacientes a radiaciones pero también a que en un hospital, donde se manejan aparatos que emiten radiaciones, puede haber errores y accidentes y es necesario estar preparados".

Aunque eso sí, matiza que los hospitales "no guardan pastillas suficientes si se produjera alguna emergencia nuclear en las centrales de la provincia -Ascó y Vandellós-. En esa situación no daríamos abasto".