dijous, 19 de novembre de 2009

Los riesgos de ser fumador pasivo en la infancia

Cuando son cada día más los países que garantizan que el ciudadano no se vea expuesto a los humos del tabaco ajeno en lugares públicos, aún queda un frente abierto: ¿qué pasa cuando el 'enemigo' está dentro del hogar? ¿Y cuándo son menores los que viven en un entorno ahumado? Un estudio presentado en las Sesiones Científicas de la Asociación Americana del Corazón 2009 confirma que el humo secundario (el que aspiran los fumadores pasivos) hace estragos en la salud de los niños más pequeños, sobre todo, si son obesos.

Tal y como explica John Anthony Bauer, uno de los coautores de este trabajo e investigador del Hospital Infantil Nacional e Instituto de Investigación de la Universidad estatal de Ohio (EEUU) "el humo secundario aspirado por los niños no es sólo malo para los problemas respiratorios, como había sido descrito previamente por otros investigadores. Nuestros datos apoyan la opinión de que los efectos cardiovasculares del humo secundario en los niños son importantes, en especial para aquellos que son muy pequeños y para los obesos. No habíamos investigado el impacto de la obesidad en estudios anteriores", destaca Bauer.

Muchas enfermedades cardiovasculares comienzan en la niñez y al menos un 25% de los niños estadounidenses está expuesto al humo secundario, por lo que los investigadores trataron de determinar si la exposición de los niños a este factor producía cambios mensurables en los marcadores de enfermedad cardiovascular y si algunos niños, especialmente los obesos, se encontraban expuestos a un mayor riesgo frente a estos problemas.

"Sabemos que tanto el humo secundario como fumar incrementan la oxidación y la inflamación", explica Bauer. "Por otra parte, estudios realizados unos años antes habían mostrado que la obesidad es una condición fisiológica de la inflamación crónica de bajo grado y que esto puede producir daño vascular. Creemos que los dos factores juntos (exposición al humo del tabaco y obesidad) pueden interactuar para ampliar el grado de inflamación o el daño de células vasculares que tiene lugar".

Dos veces más riesgo por obeso

Los investigadores contaron con una muestra de 52 niños y niñas de entre dos y cinco años y 107 adolescentes de edades comprendidas entre los nueve y los 18 años. El estudio incluyó niños y adolescentes negros, blancos e hispanos, algunos de los cuales eran obesos.

Los autores del trabajo determinaron la magnitud de la exposición al humo secundario que sufrían los niños y analizaron, a través de muestras de sangre, marcadores indicativos de lesión vascular e inflamación en cada pequeño. Así mismo, midieron el numero de células progenitoras endoteliales circulantes, un tipo de células responsables de reparar y mantener una sana red de vasos sanguíneos. Además tuvieron en cuenta el peso, la altura y la presión arterial de cada niño, así como y información sobre su situación socioeconómica.

Entre los principales hallazgos se encontró una conexión entre la exposición al humo secundario y un marcador de lesiones vasculares en los niños pequeños. Su incidencia se duplicó en el caso de que los pequeños fueran obesos.

Por otra parte, también se llegó a la conclusión de que los adolescentes obesos expuestos al humo secundario doblaban los indicios de daños vasculares frente a los adolescentes con un peso normal.

Rastro en el cabello

Además, los niños de entre dos y cinco años registraban una concentración de nicotina en el pelo hasta cuatro veces mayor que los adolescentes a pesar de vivir niveles de exposición similares en sus hogares. Por si esto fuera poco, los más pequeños expuestos a humo secundario presentaban una reducción del 30% de las células progenitoras endoteliales vasculares circulantes.

"Los cambios detectados en estos grupos de niños son similares a los cambios que son bien reconocidos como riesgo de enfermedad coronaria en adultos", explica Bauer. "Esto sugiere que algunos aspectos de la enfermedad coronaria adulta pueden iniciarse en la niñez temprana, cuando las estrategias de prevención pueden tener un gran impacto a largo plazo", continúa este experto.

"Nuestros descubrimientos reflejan la importancia de eliminar el tabaco y la exposición al mismo, especialmente en los niños, y los pequeños obesos podrían necesitar incluso estar más protegidos frente a estas exposiciones", concluye Bauer.