dilluns, 2 de novembre de 2009

Los especialistas alertan contra el abuso de los fármacos contra el reflujo


Los tiempos cambian y la medicina avanza, pero en ocasiones seguimos acordándonos del dicho popular que avisa de que, a veces, es peor el remedio que la enfermedad. Debido a su uso masivo este podría ser el caso de los medicamentos contra la acidez o el reflujo gástrico, técnicamente conocidos como inhibidores de la bomba de protones y entre los que se cuenta el popular omeprazol, y otros como lansoprazol, esomeprazol, pantoprazol y rabeprazol.

A pesar de los indudables beneficios de estos fármacos en un alto número de pacientes, también podrían ir acompañados de consecuencias inesperadas y efectos secundarios perniciosos tal y como expone un comentario publicado en la revista 'Otolaryngology-Head and Neck Surgery', la revista científica oficial de la Academia estadounidense de Otorrinolaringología y la Fundación de Cirugía del Cuello (AAO-HNSF, sus siglas en inglés)

A través de este documento, la institución advierte de que los antiácidos no son efectivos para todos los tipos de reflujo gastroesofágico y laringofaringeo. Según estos expertos, cada vez existen más evidencias de que los ácidos del estómago no son los únicos causantes del daño en los tejidos y otros factores, como el efecto inflamatorio de la pepsina en la mucosa de la laringe, también puede jugar un papel importante.

Por si esto fuera poco, los científicos añaden que esta familia de fármacos podrían ir acompañados de consecuencias imprevistas y efectos secundarios indeseados. Mencionan, por ejemplo, posibles alteraciones en la absorción del calcio, que redundarían en una mayor incidencia de fracturas de cadera, y de una potencial (aunque aún no demostrada) disfunción en la absorción del hierro y de la vitamina B12 por efecto de una alteración en el pH gástrico. Además, podrían favorecer una mayor frecuencia de diarreas nosocomiales (contraídas en el ámbito hospitalario) causadas por la bacteria 'Clostridium difficile', así como neumonías adquiridas en comunidad (fuera del hospital).

Tal y como exponen estos expertos, la importancia dentro de la salud pública de los reflujos gastroesofágico y laringofaringeo ha experimentado un aumento significativo durante los últimos 20 años ya que, aunque han afectado históricamente a más del 50% de la población occidental, en los últimos tiempos el número de personas que busca tratamiento médico para estos síntomas se ha incrementado hasta cuatro veces, lo que ha convertido a los medicamentos antireflujo en uno de grupos más prescritos y consumidos.

Un problema añadido es que el número de pacientes que buscan tratamiento médico ambulatorio para esta dolencia crece a partir de los 40 años de edad, por lo que suelen sufrir otras dolencias adicionales y tomar además otros medicamentos.

Los autores declaran que, si bien podría resultar prematuro lanzar recomendaciones globales sobre los patrones de prescripción de estos medicamentos, es necesario realizar advertencias clínicas sobre sus posibles consecuencias adversas.

La importancia de la dieta y el estilo de vida

Además, consideran importante que se realice una adecuada evaluación y seguimiento de los pacientes que consumen estos inhibidores a la hora de determinar la necesidad y la duración del su uso. Y subrayan la necesidad de distinguir entre el reflujo fisiológico, una regurgitación normal, que ni debilita ni daña los tejidos y es tan sólo una molestia sintomática, y el reflujo patológico, el que sí puede modificar el tejido y causar disfunciones o neoplasia.

Los científicos aconsejan a los doctores que tratan los trastornos relacionados con el reflujo sopesar los pros y los contras del tratamiento y considerar como meta un tratamiento más global de la enfermedad que incluya variaciones en la dieta y en el estilo de vida de los pacientes, que deben abandonar el consumo de tabaco. Tal y como subraya el documento, estas medidas adicionales pueden reducir los costes sanitarios relacionados con estas enfermedades y animar a los pacientes a que incluyan y mantengan comportamientos que redunden en una mejora de su calidad de vida.