dimecres, 3 de juny de 2009

Médicos fumadores y otros cánceres de la sociedad

Yo empecé a fumar hace 10 meses; fumo de todo, cigarros negros y rubios, con filtro y sin él, en pipa y hasta puros; fumo en los bares, por la calle, en los restaurantes e incluso en el hospital. Porque cuando uno se traslada a España, se convierte en fumador, lo quiera o no. Lo de que cuando uno fuma, fumamos todos, no es cuento.
Aparte de la inexorable vejez, pocas cosas están tan directamente relacionadas con la enfermedad y la muerte como el tabaco. Está científicamente demostrado hasta aburrir que el tabaco mata.
Lo único novedoso es la confirmación absoluta de que los fumadores pasivos existimos y sufrimos. Los fumadores nos están matando a una velocidad de 6000 españoles al año mientras ellos se suicidan en grupos de 40.000.
Mientras el número de victimas activas y pasivas aumentan, al gobierno lo único que se les ocurre es decorar las cajetillas de tabaco con dibujitos tipo "yu-yu" con el mensaje subliminal de "¡que viene el coco y te come los pulmones y los espermatozoides!".

Dicen que en otros países funciona. Efectivamente, pero como parte de una campaña mucho mas compleja. Pongamos Inglaterra; la cajetilla de tabaco vale 3 veces más que aquí, los lugares públicos están libres de humo al 100%, independientemente de sus metros cuadrados, y los tratamientos para dejar de fumar están en parte cubiertos por el NHS (Nacional Health Service).
Todo aderezado con varias campañas extensas de videos y fotos espeluznantes. Los resultados han sido inmediatos: en el primer año de prohibición 400.000 ingleses dejaron de fumar. (Ya no les falta a los pobres más que aprender a comer y dejar de beber).
Sin embargo, uno de los factores diferenciales más sangrante es el número de médicos fumadores que existen en nuestro país comparativamente con el resto de los países avanzados.
Un estudio sobre los médicos fumadores en EEUU, GB, Canadá, Australia y Nueva Zelanda demostró una caída en su número desde 1970 al 2005 de un 20% a un 5% Sin embargo en España la proporción de fumadores entre los médicos es prácticamente equiparable a la proporción en los no médicos, algo menos de un 30%. Un fumador es un problema para cualquier sistema sanitario pero un médico fumador es además una vergonzosa incongruencia.
Ser médico no es un trabajo cualquiera, los médicos tenemos una responsabilidad extra y una situación privilegiada para ser modelos sociales de salud pública y promotores de hábitos saludables. La sociedad es particularmente sensible a la hipocresía y el mensaje que desprende un médico fumador no es otro que "yo que entiendo no me creo que el tabaco mate". Esto constituye una campaña estupenda a favor del tabaco, la mejor. Por otro lado, está ya demostrado y publicado (Preventive Medicine), los médicos fumadores son menos eficaces en conseguir que sus pacientes abandonen este vicio.
En Inglaterra, fumar en un hospital o sus alrededores es causa de despido pero incluso una enfermera vestida de uniforme fumando en la calle también lo es. La idea de un médico con la cajetilla visible en el bolsillo, oliendo a tabaco o echándose un pitillo a la vista de un paciente es hoy en día tan impensable o absolutamente absurda como un médico que vaya ventoseando mientras pasa visita. Social y profesionalmente inaceptable.
Cada uno que haga con su vida lo que quiera pero hay que ser congruentes, cuando un médico enciende un cigarro, está animando a encender otros muchos.