dimecres, 29 d’abril de 2009

Los genes del autismo están relacionados con las conexiones nerviosas


Por primera vez se ha detectado un factor de riesgo genético común para los trastornos del espectro autista. Además, las funciones de los genes ahora relacionados con esta susceptibilidad respaldan la idea de que estas patologías surgen a raíz de un desarrollo anómalo de ciertas regiones cerebrales y de sus conexiones nerviosas. Los resultados aparecen en el último número de 'Nature'.

Los trastornos de espectro autista (TEA) afectan a uno de cada 150 niños. Los intentos por descubrir sus raíces genéticas habían sido hasta ahora poco fructíferos. Varios estudios habían dado con posibles candidatos pero nunca se había logrado reproducir los resultados de una población en otra distinta. Por eso, "el descubrimiento de una variante [genética] común para el autismo es un logro monumental", ha declarado Margaret Pericak-Vance, directora del Instituto de Genómica Humana de Miami y una de los muchos investigadores que tomaron parte en estos trabajos.
Parte del éxito de estos estudios se debe a la colaboración de especialistas procedentes de más de 12 instituciones distintas y el acceso a grandes bases de datos de familias afectadas por estos trastornos. En total, se analizó el genoma de más de 10.000 personas, entre individuos con autismo, sus parientes y ciudadanos sin esta patología.
Puede ser la causa más frecuente de autismo
En el primer trabajo, los investigadores rastrearon el ADN de 943 familias que tenían al menos dos miembros con un TEA y dieron con seis variaciones (SNP) frecuentes entre las personas con autismo en una zona del cromosoma 5 (5p14.1). Al estudiar más a fondo esta región del ADN, descubrieron que está localizada entre dos genes, CDH9 y CDH10, que codifican para moléculas que intervienen en las relaciones entre neuronas.
Estas proteínas "se localizan en la superficie de las células nerviosas y están implicadas en dar forma tanto al cerebro en desarrollo como a las conexiones funcionales entre sus regiones", explica Hakon Hakonarson, director del Centro de Genómica Aplicada del Hospital Infantil de Filadelfia (EEUU), principal investigador de estos estudios.
En una segunda fase, la división procedente de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), averiguó que la actividad de CDH10 era especialmente alta en el lóbulo frontal del cerebro en la etapa fetal. Esta región es crucial para el lenguaje, el comportamiento social y otras funciones complejas del pensamiento, aspectos que suelen estar alterados en las personas con un TEA. En conjunto, ha explicado el autor, estas variaciones pueden contribuir al 15% de los casos de autismo.
"De confirmarse este dato, sería la causa más frecuente de autismo", explica a elmundo.es Mara Parellada, coordinadora de la unidad AMI-TEA del Hospital Gregorio Marañón. En opinión de esta especialista, hay dos elementos a destacar en estos trabajos. En primer lugar, la replicación de los resultados en otras poblaciones, y el hecho de que "converjan con los de otros estudios".
Evolución cerebral
Pero los trabajos de Hakonarson y sus colegas dieron con otras anomalías genéticas que también respaldan las pruebas anatómicas y funcionales que muestran que el cerebro de los que padecen autismo evoluciona de una forma particular. Realizaron un nuevo análisis del genoma pero, esta vez, poniendo el acento en las llamadas variaciones en el número de copias (cuando un fragmento de ADN se repite o está ausente).
Los genes más afectados por estas alteraciones pertenecían a dos vías biológicas. Una de ellas, precisamente, está vinculada con CDH10 y la familia de proteínas que codifica (las cadherinas). La otra es la de degradación de las ubiquitinas, unas enzimas encargadas de eliminar las conexiones entre células nerviosas.
Estos descubrimientos, señala Hakonarson, "mejoran nuestro conocimiento acerca del origen del autismo. Muchos de los genes que hemos identificado concentran sus acciones en la regiones del cerebro que se desarrollan de forma anormal en los niños autistas". A la luz de estos hallazgos, "podría decirse que el autismo es un problema de desconexión neuronal", subraya el autor.