dilluns, 24 de novembre de 2008

Cuatro meses viviendo sin corazón

Hoy, las lágrimas de Zhana Simmons son de alegría pero hace unos meses eran de pavor. Esta adolescente norteamericana ha vivido 118 días sin corazón, con dos bombas implantadas en su lugar y sintiéndose, como ella misma explica, "una persona de mentira". Ahora, recuperada de un doble trasplante, la paciente y sus médicos cuentan el caso.
Los especialistas que la cuidaron, hasta que pudo someterse al segundo trasplante cardiaco, señalan que no es la primera vez que se consigue prolongar la vida de una persona sin corazón. La técnica es común en adultos y menores. Lo que no es corriente es optar por un dispositivo implantable, en lugar de uno externo, cuando el enfermo es un niño.

Como explica Fernando Villagrá, jefe de servicio de Cirugía Cardiovascular Infantil del Hospital La Paz (Madrid), para realizar la "asistencia circulatoria mecánica" existen distintas opciones. Como 'sustituto' del corazón, los médicos pueden optar por un dispositivo de corta duración (VAD o Dispositivo de Asistencia Ventricular), que es externo y se emplea en enfermos, niños y adultos, en situación aguda.
Otra alternativa, son los instrumentos de larga duración que, en Europa, se conocen como 'Berlin Heart' y que pueden ser externos o internos. Estos últimos todavía no están preparados para implantarse en niños y, como aclara Villagrá, "se componen de una bomba neumática, una parte electrónica, otra telemétrica y una batería que con el tiempo habrá que recargar".
Este tipo de dispositivo implantable es el que salvó la vida de Zhana. En su caso, es muy probable que los especialistas decidieran ponérselo, a pesar de su corta edad, al tener en cuenta que su cuerpo ya presentaba unas características muy similares al de un adulto.
"Creemos que es el primer paciente pediátrico en recibir este tipo de dispositivo", ha explicado Marco Ricci, director de Cirugía Cardiaca Pediátrica del Jackson Memorial Medical Center de Miami (EEUU).
La experiencia de Zhana
Para Zhana la experiencia de vivir conectada a un 'corazón artificial' resultó bastante "aterradora". "Nunca sabías cuando iba a funcionar inadecuadamente", ha murmurado esta joven de Carolina del Sur durante una rueda de prensa.
"Era como si fuera una persona de mentira, realmente no existía. Simplemente estaba allí", ha comentado.
Con 14 años, fruto de una cardiomiopatía, su corazón se había debilitado y alargado hasta tal punto que había dejado de bombear sangre de manera adecuada. En julio de 2008, se sometió a un primer trasplante pero a los dos días sufrió un rechazo y se lo tuvieron que extraer.
Mientras recuperaba la fuerza suficiente para someterse a un nuevo trasplante, los médicos optaron por implantarle el corazón artificial, compuesto por dos bombas, con el que impulsar adecuadamente la sangre y regular los latidos.
Entre las distintas complicaciones sufridas por Simmons en este periodo de tiempo, una de las más graves fue un fallo renal. Un día después de recibir el corazón, el 30 de octubre volvía a entrar en quirófano, esta vez para someterse a un trasplante de riñón.
Aunque el pronóstico de la paciente es bueno, sus médicos afirman que hay un 50% de posibilidades de que una persona trasplantada tenga que recibir un nuevo corazón durante los 12 ó 13 años posteriores a la cirugía.