dimarts, 22 de juliol de 2008

Microagujas indoloras que imitan la picadura del mosquito hembra


Algo bueno tenían que tener las picaduras de mosquitos. Científicos de la India y Japón se han fijado en el modo en que el mosquito hembra succiona la sangre humana para diseñar unas modernas jeringuillas capaces de penetrar en la piel sin causar dolor. El prototipo está aún en fase experimental, y sus investigadores reconocen que será difícil fabricarlo a gran escala.

A diferencia de lo que muchos puedan pensar, la picadura del mosquito no es dolorosa en sí. La sensación molesta que provoca está causada por la sustancia anticoagulante que el insecto 'escupe' a su víctima para facilitar la circulación de la sangre, y que causa la conocida irritación del picotazo.
En realidad, el mosquito hembra es capaz de flexionar ciertos músculos de su propia trompa (denominada probóscide) para crear una presión negativa en la piel y chupar el flujo sanguíneo hacia el interior de su 'boca'.
Basándose en este mismo principio de succión, Suman Chakraborty (del Instituto de Tecnología de Kharagpur, en la India) y su colega japonés Kazuyoshi Tsuchiya, de la Universidad Tokai (en Kanagawa) han diseñado unas microjeringuillas que podrían sacar 5 microlitros de sangre por segundo, inyectar fármacos e incluso medir los niveles de glucosa de pacientes diabéticos sin las molestias de los pinchazos habituales.
La jeringa que están diseñando, y cuyas posobles aplicaciones han publicado en la revista 'Journal of Applied Physics', tiene un diámetro de sólo 60 micrones (la millonésima parte de un metro), más o menos la misma talla que la trompa de un mosquito. Una jeringuilla normal ronda los 900.
A pesar de su mínimo diámetro, el nuevo dispositivo está fabricado a base de titanio y otras aleaciones relacionadas, unos materiales robustos que le permiten penetrar hasta 3 milímetros en la piel para alcanzar los capilares, pero también impiden que se rompa en el momento del pinchazo.
Igual que la trompa del insecto, la mini-jeringuilla cuenta con un elemento flexible capaz de causar una presión negativa en la piel para hacer que la sangre fluya hacia arriba "con una eficacia sin precedentes" (y aparentemente sin dolor).
A pesar de que subrayan la importancia de su diseño, Chakraborty y Tsuchiya reconocen que les quedan aún algunos detalles por solucionar. Como el coste o su manufactura a gran escala. Sin embargo, reconocen que su dispositivo podría tener un importante valor para las personas que, como los diabéticos, necesiten pincharse varias veces al día para controlar sus niveles de glucosa e inyectarse la diabetes.