Tanto la seguridad de la sangre como la unificación de criterios en la catalogación de los efectos adversos son los aspectos que más preocupan a los especialistas. Ambos temas confluyen en los sistemas de hemovigilancia, un 'invento' europeo con el que se pretende lograr que el riesgo se aproxime todo lo posible a cero.
Si la seguridad en las transfusiones sanguíneas fue uno de los temas más destacados por los especialistas reunidos en el 17º Congreso Europeo de la Sociedad Internacional de Transfusión Sanguínea (ISBT), celebrado durante la semana pasada en Madrid, la unificación de criterios en el manejo de pacientes ocupó idéntico protagonismo. Ambos temas, en los que Europa está a la cabeza, convergen en los sistemas de hemovigilancia con los que los países del continente realizan un control de los efectos adversos. "Estos sistemas son un 'invento' europeo para controlar los efectos adversos de la transfusión y cada vez están más arraigados; se trata de conseguir la notificación sistemática por parte de los servicios hospitalarios de transfusión, y actualmente también por los centros de hemodonación, de cualquier complicación que se produzca en los donantes o en los receptores", explicó Eduardo Muñiz, director del Laboratorio de Inmunohematología del Banco de sangre y tejidos del Hospital de Vall d'Hebron de Barcelona y presidente del comité científico del congreso. El objetivo es introducir medidas correctoras y preventivas que puedan evitar la aparición de efectos adversos. Según Luz Barbolla, directora del Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid y presidenta del comité organizador del congreso, "hay una unidad de hemovigilancia europea y otra a nivel nacional dependiente del Ministerio de Sanidad; de esta forma, una oficina recoge los incidentes de todos los hospitales de su área relacionados con las transfusiones". "Es un sistema nuevo que se ha puesto en marcha hace poco, por lo que hay que seguir trabajando en él", dijo.Por otro lado, ambos especialistas hicieron hincapié en la necesidad de unificar los criterios empleados en la catalogación de los efectos adversos en todos los países europeos. "Tenemos que hacer un esfuerzo por encontrar puntos comunes para utilizar los mismos conceptos e introducir las mismas medidas preventivas", señaló Muñiz. En este sentido, la asignatura pendiente es el consenso en cuanto al manejo de las personas transfundidas. "Existen distintos modelos en cuanto a los donantes pero, con respecto al tratamiento de pacientes, hay menos consenso. Sería interesante tener un consenso a nivel más general", apostilló Barbolla. La transfusión podría mejorar los traumas craneales La hipoxia o falta de oxígeno es uno de los riesgos más temidos en los pacientes que han sufrido un traumatismo craneoencefálico, ya que deteriora su capacidad neurológica. En este sentido, un estudio realizado por investigadores de Hospitales Universitarios Virgen del Rocío demuestra que en el 75 por ciento de los casos la sangre es eficaz en la oxigenación cerebral, especialmente en las tres primeras horas tras la transfusión. Si la sangre transfundida permite oxigenar los tejidos, el siguiente paso el medir si el cerebro también se beneficia de esa oxigenación en los pacientes con monitorización intracerebral que requieran transfusión. No obstante, para los investigadores, aún es pronto para hablar de una nueva indicación terapéutica.
divendres, 6 de juliol del 2007
Más control de la sangre con hemovigilancia
Espai Vital
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16:20
Etiquetas: Transfusiones sanguineas
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