dilluns, 27 d’agost de 2012

Hundidos tras el infarto cardiaco de la pareja

Si su pareja ha sufrido un infarto, debería prestar atención a su estado mental y, si lo cree necesario, consultar con un médico ante la aparición de síntomas de ansiedad o pensamientos negativos. Un estudio europeo señala que aquellas personas cuyo cónyuge ha muerto o ha estado enfermo por un infarto tienen un riesgo mucho mayor de tener depresión La aparición de una enfermedad en un miembro de la familia altera el equilibrio personal, sobre todo, cuando se trata de la salud del cónyuge. Cualquier problema puede afectar al otro, pero parece que lo que más impacta en el estado anímico de la pareja es que su compañero o compañera sufra un ataque al corazón. Así lo pone de manifiesto un estudio publicado en la revista 'European Heart Journal' en el que se han analizado los datos de miles de parejas obtenido del Regristro Civil de Dinamarca. El trabajo llevado a cabo por investigadores del Instituto de Investigación Duke, en Durham (EEUU) y del Hospital Universitario de Copenhague (Dinamarca), es el primero en comparar lo que les ocurre tanto a los maridos como a las mujeres de los pacientes que han sufrido un infarto (al que hayan sobrevivido o por el que hayan fallecido) con los de aquellos que su pareja ha tenido otro problema de salud. También se analizó el consumo de benzodiacepinas, un ansiolítico. "Si tu pareja muere súbitamente de un infarto al corazón, no tienes tiempo de prepararte psicológicamente para la muerte, mientras que si alguien tiene una enfermedad, como un cáncer, hay más tiempo para ir haciéndose a la idea", afirma Emil Fosbol, cardiólogo y principal investigador del estudio. Para conocer qué ocurre en la pareja tras un infarto, se estudió los registros médicos de 16.506 cónyuges de personas que murieron súbitamente por un infarto entre 1997 y 2008 y los de 44.566 consortes de pacientes que sobrevivieron al ataque cardiaco. Esos datos fueron comparados con los de 49.518 personas cuya pareja había fallecido por otro motivo distinto al cardiaco y los de 131.563 individuos de pacientes ingresados en un hospital con un problema no mortal y que no tenía relación con el trastorno cardiaco. Ansiolíticos, depresión y suicidio Lo que comprobaron fue que casi el 50% de las personas cuya pareja había muerto por un infarto recurrieron a los ansiolíticos justo después del fallecimiento, aunque un año después de la muerte sólo seguían consumíendolos el 2%. Esa cifra fue mucho menor en las personas cuyo cónyuge sobrevivió al infarto, recurriendo en este caso a las benzodiacepinas sólo el 13%. No sólo se tuvo en cuenta la medicación, sino que también se comprobó las personas que refirieron a su médico problemas de ansiedad y depresión y los que buscaron ayuda en el hospital por estos motivos. Así, pudo comprobarse que la incidencia de depresión fue casi tres veces superior seis meses después de un infarto, tanto si fue mortal como si el paciente sobrevivió. También hubo una mayor proporción de parejas que se suicidó al año siguiente de haberse producido el ataque cardiaco, aunque estas tasas fueron bajas. Además, "encontramos que los hombres fueron más propensos a sufrir depresión y a cometer un suicidio después de que su mujer tuviera un episodio cardiovascular", afirma Fosbol. Si se tiene en cuenta que cada año siete millones de personas sufren un infarto de miocardio, de los que un 16% fallece, "esto podría significar que alrededor de 11.000 personas pueden ser más propensas a empezar a consumir antidepresivos después de que su pareja haya tenido un infarto no mortal y de unas 35.000 cuyo cónyuge haya muerto por este motivo. Además, aunque la tasa de suicidios es baja, podríamos esperar que aproximadamente 1.400 personas intenten acabar con su vida tras la muerte de su consorte", explica Fosbol en su estudio. Por este motivo, Fosbol y su equipo llaman a una mayor concienciación de estos problemas y a que se realicen planes de cuidados no sólo para las personas que sufren un infarto sino también para sus parejas para evitar o tratar precozmente la depresión.