dijous, 30 d’agost de 2012

El elixir de la eterna juventud no está en un plato pequeño

Se lleva años hablando de ello, pero ahora con los datos en la mano de un gran estudio realizado en monos parece que todo lo dicho se pone en duda. Comer menos no parece que contribuya a alargar la vida, aunque eso sí una dieta hipocalórica sí que parece mejorar muchos factores de riesgo para la salud, como los niveles de glucosa y colesterol. Algo que sabe a poco después de tanto ruido. Someterse durante años a una restricción calórica no aporta los tan ansiados beneficios sobre la longevidad, según los datos de un estudio que ha analizado durante más de 20 años a monos alimentados con una dieta hipocalórica. No obstante, dado que ese régimen dietético sí impacto sobre algunos factores metabólicos, los investigadores señalan la importancia de los datos. "Se trata de un paso adelante en nuestro entendimiento de cómo la restricción calórica funciona y de cómo la composición de la dieta, la genética y otros factores afectan a esta intervención", afirma a ELMUNDO.es Rafael de Cabo, investigador español que lleva años involucrado en este trabajo desde el laboratorio de Gerontología Experimental del Instituto Nacional del Envejecimiento (NIA, según sus siglas en inglés), en Baltimore (Maryland, EEUU). Años de estudios El debate viene de lejos. Desde que hace más 75 años varios estudios en roedores establecieran un vínculo entre una baja ingesta calórica y una mayor longevidad. Debido al impacto científico y público que podría tener si lo detectado en estos animales ocurriera también en humanos, se decidió indagar más. De ahí que en 1987 investigadores del NIA empezaran a analizar la restricción calórica en monos de la especie macaco ('Macaca mulatta'). Un par de años después, en 1989, otro laboratorio del Centro de Investigación en Primates de Wisconsin (WNPRC, según sus siglas en inglés) inició un nuevo estudio en un grupo de 30 ejemplares de la misma especie. Trabajos similares pero con algunas divergencias su diseño y también con grandes diferencias en sus resultados, según comprobamos ahora. Porque hace tres años, los investigadores de Wisconsin publicaron sus datos que indicaban que los monos sometidos a una restricción calórica eran más jóvenes que los demás, tenían menos casos de cáncer y habían sobrevivido más que los del grupo que tomó una dieta normal. Pero los datos del equipo del NIA, publicados ahora en 'Nature', vienen a contradecir en parte los anteriores. Tras algo más de dos décadas de seguimiento y análisis, comprobaron que los monos que iniciaron de adultos una dieta baja en calorías no vivieron más que sus congéneres que no fueron alimentados así. No hubo tampoco diferencias entre las causas de las muertes. Lo que sí se detectó fue que la restricción calórica generó unos niveles más bajos de triglicéridos (un tipo de grasa), de glucosa en sangre, y un menor estrés oxidativo. Un segundo análisis, realizado con aquellos monos que empezaron a tomar la dieta hipocalórica en su infancia y juventud, mostró datos similares. Aunque casi el 50% de estos animales todavía está vivo, los investigadores hicieron estudios de proyección sobre su patrón de supervivencia que indica que tampoco en ellos se detecta un impacto de la dieta en la longevidad. Lo que sí se observó fue que los macacos machos que comieron menos tenían sus niveles de triglicéridos más bajos y, en general dentro de este grupo, hubo menos casos de cáncer. No obstante, ni disminuyeron los casos de diabetes ni el de las enfermedades cardiovasculares. Otros factores, además de la dieta Pero, ¿por qué dos estudios tan serios ofrecen resultados tan dispares? Como apunta Steven N Austad, del Instituto Barshop para Estudios de Longevidad y Envejecimiento de la Universidad de Texas, en un artículo que acompaña al estudio, quizás la clave esté en las diferentes dietas empleadas en las dos investigaciones. Por otro lado, los monos que servían como grupo control del NIA se alimentaron de forma controlada, no a su voluntad, para prevenir la obesidad, por lo que pesaban menos que los del WNPRC. Esto "pudo tener un efecto adicional en la longevidad" y por tanto no generar diferencias con los macacos que tuvieron una dieta baja en calorías. Otra posible causa esté en la genética. Los monos estudiados en el laboratorio NIA eran originarios de China y la India y tenían mayor diversidad genética que los del estudio WNPRC, que pertenecían todos a una misma colonia de la India. Tras todo este análisis, de Cabo concluye que "los efectos de una dieta de restricción calórica mantenida a lo largo de toda la vida parece que conllevan una bajada considerable de muchos factores de riesgo para la salud pero los beneficios en términos de longevidad dependerán de factores como el contexto fisiológico, la calidad de la dieta, la genética y el estado de salud inicial de cada individuo. Estamos intentando entender qué factores son los más importantes para alcanzar el máximo potencial de vida saludable y, si de paso vivimos más, mejor, pero lo más importante es la mejora en la salud y la vida funcional". Realidad versus laboratorio En la misma línea se expresa José M.ª Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genómica del Centro para la Investigación de la Nutrición y el Envejecimiento de la Universidad de Tufts (EEUU), quien afirma que los científicos "estamos buscando siempre la solución única a un problema complejo, bien sea a través de resveratrol o de la restricción calórica, o lo que sea. Pero no hay solución única por más que nos empeñemos en buscarla". Este especialista, que también es investigador colaborador senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (Madrid), insiste en la dificultad de extrapolar los resultados de una situación recreada en un laboratorio a la vida real. "En realidad, es difícil tener una dieta completa (equilibrada) incluso en situaciones hipercalóricas, en las que somos capaces de mal nutrirnos porque no equilibramos apropiadamente los nutrientes. Si restringimos el consumo sin una educación exquisita y sin una monitorización nutricional, podemos caer en malnutrición severa de ciertos nutrientes esenciales. En un mundo ideal la restricción calórica funcionaría (quizá) para conseguir mejores biomarcadores, pero hoy en día con nuestros hábitos, con la sociedad en la que vivimos resulta utópico". Por último, Ordovás señala que "este estudio es muy importante para que se establezca un balance en la literatura y conocimiento científico y para que no pensemos que la solución a nuestros problemas es una 'bala de plata' bien sea en pastilla o en otro tipo de solución única y aplicable para todos. Todos somos diferentes genéticamente y necesitamos soluciones variadas y más personalizadas".