dimarts, 11 d’octubre de 2011

La especialidad de Medicina Preventiva, una necesidad

Me permitirán que hoy hable en el blog de un tema profesional que, sin duda, tiene repercusiones potenciales sobre el modo en el que entendemos y practicamos actualmente la Medicina Preventiva y su relación, presente y futura, con la salud pública. El proyecto de Real Decreto de Troncalidad, que de seguir adelante va a condicionar en gran parte el desarrollo futuro de los programas de formación sanitaria especializada (el MIR, para entendernos) ha servido, entre otras cosas, para que aflorasen conflictos profundos entre distintas maneras de entender las especialidades y también para que más de uno o varios grupos de presión, con o sin respaldo democrático, intenten defender sus posiciones y algún que otro privilegio. Dentro del sistema MIR existe la especialidad de Medicina Preventiva y de Salud Pública (lo que dice el título oficial de especialista). La Medicina Preventiva es una parte esencial de la medicina moderna, que pretende entender la salud y la enfermedad desde un punto de vista colectivo (poblaciones) con intención de prevenir y controlar las enfermedades, complementando así la vertiente más tradicional de la medicina clínica (pacientes individuales, intención básica de tratar y curar). Existe la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (SEMPSPH), de la que soy miembro, y que defiende el carácter inequívocamente médico de la especialidad, que ha quedado incluida en el tronco médico dentro del mencionado decreto. Otras dos sociedades (de las que me he dado de baja por este motivo), la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), rechazan la inclusión de la especialidad en tronco alguno y abren (explícita o implícitamente) la puerta a que agrupe también a otros profesionales no médicos. El conflicto ha contaminado la postura de la Comisión Nacional de la Especialidad, que ha tomado parte por la postura de la SEE y SESPAS, en contra de la opinión de una buena mayoría de especialistas que trabajamos en las unidades docentes y de otra buena mayoría de los MIR. Hay confusión y recelo, en gran parte reforzado por la escasa representatividad de los miembros de las comisiones y por su sistema de designación (que no elección) en muchos casos. La Medicina Preventiva y de Salud Pública es y debe seguir siendo una especialidad médica. El sistema MIR significa “Médico Interno Residente” y la inclusión en el tronco médico supone la garantía de que, antes de dedicarse a prevenir o controlar enfermedades, el especialista en Medicina Preventiva aprenderá cómo son estas enfermedades, los pacientes que las padecen y el trato con ellos, con sus familias y con sus otros colegas especialistas. Parte de la credibilidad que tenemos cuando opinamos o nos ponemos en marcha sobre algunas medidas de prevención y control viene dada (y se verá reforzada) por el hecho de tener una buena base clínica. Hemos pasado por el mismo campo de entrenamiento. Es cierto que existen muchos profesionales que se dedican a la Salud Pública y no son médicos (veterinarios, farmacéuticos, biólogos, ingenieros, economistas, estadísticos, demógrafos, gestores, etc.). Bienvenida sea una salud pública entendida desde una perspectiva de colaboración e integración de múltiples profesionales. Pero, ante todo, a cada uno lo suyo. Si nos enfrentamos a un brote de tuberculosis en un colegio, o hay que analizar las ventajas e inconvenientes de una nueva vacuna o relacionar la exposición a un producto químico con una enfermedad concreta. Un médico bien formado, con una buena base clínica y especializado en Medicina Preventiva es en quien yo confiaría. Así de sencillo. Bastaría con abandonar posiciones fundamentalistas y personalistas, dejar que se debata tranquilamente y con transparencia una nueva posible capacitación profesional en “Salud Pública”, a la que podrían acceder por la vía de estudios de postgrado (Master) tanto los médicos (todos) como aquellos graduados en otras disciplinas como las comentadas. Los médicos que quieran dedicarse a la Medicina Preventiva y de Salud Pública tienen ya una especialidad bien identificada. Adaptando el programa de formación MIR a la nueva realidad europea y al decreto de troncalidad podemos mejorar la formación clínica de los especialistas y, por decirlo llanamente, reforzar su papel de médicos.