divendres, 5 de desembre de 2008

La mejor manera de evitar las enfermedades

Contrariamente a lo que algunos creen, que es excesivo el número de vacunas que se administra a los niños pequeños, las personas estamos fabricando vacunas naturales, desde el mismo momento del nacimiento, estando el organismo capacitado para fabricar miles de vacunas.
Este sistema natural de protección contra las infecciones es decisivo para la vida, sin él la muerte se produciría en los primeros años. Si el sistema inmunológico (el que reconoce y se defiende contra los microbios invasores) no funcionara, las infecciones se producirían hasta que una de ellas matase al paciente.

Las vacunas consisten en el entrenamiento dirigido y controlado de este sistema defensivo. Se trata de introducir microbios vivos, pero atenuados, incapaces de producir enfermedad, microbios muertos o sustancias parecidas obtenidas por ingeniería genética, a fin de que los vacunados tengan preparado su sistema de reconocimiento y eliminación del microbio invasor antes de que pueda producir enfermedad.
Si existieran vacunas contra todas las enfermedades infecciosas o tumorales, habría que aplicarlas, aunque fueran docenas o cientos de vacunas. Ojalá pronto la investigación médica pueda proporcionar productos eficaces contra el sida, las neumonías, la tuberculosis o el cáncer.
Los padres que no vacunan a sus hijos son responsables de que estos no estén protegidos contra enfermedades graves.
Ocasionalmente las vacunas pueden producir fiebre, dolor en el punto de inoculación o algún otro efecto secundario leve, pero no se ha demostrado ninguna relación entre las vacunas y el autismo o la muerte súbita.
Las vacunas, no solo son eficaces, son seguras y baratas, porque no solo protegen a los vacunados, también a los no vacunados, ya que los vacunados no almacenan ni diseminan entre la población a los microbios responsables de las enfermedades. Esto que se llama 'protección de rebaño', porque fue demostrado en corderos, precisa que el número de personas vacunadas sea elevado. Por ello la vacunación debe ser gratuita, para que proteja al mayor número de personas posibles.
En España y en otros muchos países, la vacunación contra la mayoría de las enfermedades es gratuita. Gracias a este sistema, existe una protección universal al menos contra la hepatitis B, difteria, tétanos, tosferina, infecciones por Haemophilus influenzae b (productor de meningitis y otras infecciones graves), meningococo C, sarampión, rubéola y paperas.
De hecho, las vacunas han permitido la eliminación o casi desaparición del mundo de enfermedades como la viruela, la rabia, la poliomielitis, el sarampión o la rubéola. Estas patologías hasta hace poco producían epidemias devastadoras, mataban a millones de niños y adultos.
Es altamente aconsejable proteger a los niños pequeños también contra las infecciones neumocócicas, varicela, hepatitis A y rotavirus (productor de gastroenteritis aguda) y a las niñas adolescentes contra el papiloma humano.
Algunas de estas vacunas son financiadas en España por el sistema público de salud y por tanto gratuitas para la población, pero otras son de financiación privada. Los fondos destinados a la salud deben emplearse lo más eficientemente posible y para ello es necesario estudios coste-efectividad que determinen en cada país si el destino de estos fondos económicos deben priorizar la cobertura vacunal completa o utilizarse para otros destinos sanitarios más eficaces.
Juan Casado es jefe de Servicio del Hospital Infantil del Niño Jesús y profesor de pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid.