Los voluntarios de PGI se encargan de visitar albergues que recogen a estos canes y seleccionar aquellos con el temperamento más adecuado para prestar ayuda a personas con discapacidad intelectual, lesión medular, parálisis cerebral, distrofia muscular u otros problemas que afecten al equilibrio y la movilidad.
Después les enseñan a encender y apagar luces, abrir y cerrar puertas, recoger cosas del suelo o empujar una silla de ruedas para que sean de utilidad para sus usuarios.
Este entrenamiento puede durar entre 6 meses y 1 año, y se desarrolla en el campus universitario y en hogares que acogen a los perros para que puedan completar su formación de forma práctica.
PGI se financia con donaciones y sus voluntarios se encargan de localizar a las personas que pueden precisar uno de los canes que entrenan, y los pone a su disposición sin coste.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada